miércoles, 14 de agosto de 2013

El nombre

Es la parte de la oración que puede realizar la función de rango primario, es decir, la de sujeto.

También pueden funcionar como sujeto las palabras que la gramática tradicional denominaba pronombres personales.

El nombre -recordando las nociones de sintaxis- es el núcleo nominal.

El número en el nombre

Desde el punto de vista morfológico, el nombre, como ya se ha señalado, se caracteriza por aceptar morfemas flexivos que indican el número.

El número es singular cuando el nombre se refiere a una sola cosa; plural cuando se refiere a más de una cosa.

El número singular se caracteriza por la carencia de morfema o, lo que es lo mismo, por la presencia del morfema 0 (cero):
cuaderno, silla, traje, pared, abogado

El plural se forma añadiendo el morfema -s al singular cuando éste termina en vocal y el morfema -es cuando el singular termina en consonante.
rosa - rosas        sangre - sangres        pared - paredes

Cuando el nombre termina en -s, si la palabra es aguda: mies, revés, envés, forma el plural siguiendo la regla de las consonantes, es decir, añadiendo -es: mies, reveses, enveses. Pero si la palabra no es aguda, no recibe morfemas de número: el lunes, los lunes, el análisis, los análisis. En estos casos se dice que el plural se forma con el morfema 0.

En las palabras polisílabas terminadas en -á, -í, -ú, el habla culta forma el plural con el morfema -es, pero el habla popular lo hace sólo con -s. Esta segunda tendencia predomina en los últimos tiempos. Así:

                                        habla culta                                       habla popular
maniquí                             maniquíes                                        maniquís
rubí                                   rubíes                                              rubís
maní                                  maníes                                            manís

Los monosílabos terminados en vocal generalmente forman su plural en -s: yos, pies, fes. En el caso de las consonantes: des, bes, tes. En el caso del nombre de las vocales predominan las formas de plural con el morfema -es: aes, oes, íes, pero se usa es.

El nombre no cambia el lugar de la acentuación al formar el plural: pared-paredes; abogado-abogados. Sólo se encuentran dos excepciones importantes: carácter-caracteres; régimen-regímenes.

El género en el nombre

Durante mucho tiempo los gramáticos consideraron que el género era un accidente del nombre, como el número.

Pero el accidente es una variación regular de algunas partes de la oración, como el número en el nombre y las personas en el verbo.

mesa - mesas                                           cant- o
pan - panes                                              cant- as
río - ríos                                                   cant- a

Éste no es el caso del género en español. El género no es una variación regular del nombre, pues no hay nada que nos indique que pared es femenino y que problema es masculino.

En español hay muchos nombres animados femeninos que terminan en -a (profesora, tía, niña), pero hay también muchos que no terminan en -a: emperatriz, mujer, madre.

Los nombres no animados no tienen ninguna indicación que nos señale su género: inyección, mano y radio son femeninos y colchón, burro y mapas son masculinos.

El género no es un accidente del nombre, sino un rasgo gramatical, que se aprende como los otros rasgos, que veremos inmediatamente (animado - no animado; común - propio, etc.)

De acuerdo con este criterio llamamos nombres masculinos a los que en el sintagma nominal admiten el determinante este: barro, lápiz, estante, lucero, Pedro, colchón.

Llamamos nombres femeninos a los que en el sintagma nominal admiten el determinante esta: pared, puerta, ventana, fascinación, Lola, flor, mano.

Sin embargo, existen algunos nombres femeninos que se acompañan del determinante el. Se encuentran en este caso los nombres femeninos en singular que comienzan por -á (a acentuada) (con tilde o no), a los que se les aplica el determinante el por razones de eufonía: el ave, el alma, el alba, el agua, el hacha y no la ave, etc.

En plural estos nombres son acompañados por el determinante las: las aves, las almas, las albas, las aguas, las hachas.

En el caso de que entre el determinante y el nombre femenino aparezca otra palabra, se usa también el determinante la: la pequeña ave, la buena alma, la fresca alba, la afilada hacha.

Esta regla del uso de el en vez de la ante nombres que comienzan por á- no se aplica a ninguno de los otros determinantes. Es, por tanto, error decir: este agua, ese ave, aquel hacha. Se debe decir esta agua, esa ave, aquella hacha,

Cuando el nombre femenino comienza por a- no acentuada lleva siempre la: la alabanza, la avaricia, la aviación.

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