jueves, 25 de julio de 2013

LA PROCEDENCIA DEL LÉXICO: EL ÁRABE


 La permanencia de los árabes en España, iniciada con la invasión en el 711 y terminada en 1492 con la caída de Granada, dió lugar a que en esos siglos en que se alternaban las guerras y los períodos de paz pasaran multitud de vocablos árabes -arabismos- a las lenguas neolatinas que se formaban en la Península, sobre todo por la superioridad de la civilización y la cultura árabe en comparación con la de los cristianos españoles.

El castellano recogió más de 4 000 palabras árabes, unas de carácter bélico, como:

adalid, atalaya, alfanje, alcázar, alférez

otras, voces referentes a la agricultura:

alberca, acequia, aljibe, noria, alcachofa, acelga, berenjena, arroz, zanahoria, aceituna, azafrán, azúcar, algodón, tahona, azahar, azucena

palabras sobre la industria y el comercio:

alfarero, taza, jarra, alfiler, marfil, almacén, almoneda, tarifa, aduana

voces de vivienda o de vestidos:

arrabal, barrio, aldea, zaguán, alcoba, azotea, almohada, alfombra


palabras de origen jurídico:


alcalde, albacea

voces científicas:

cifra, álgebra, química, alambique, elixir, jarabe

nombres de lugares o toponímos:

Alcalá (castillo), Guadiana (río Agna), Guadalquivir (río grande), Medina (ciudad), Guadalajara (río de piedras)


La influencia del árabe se advierte también en numerosos rasgos fonéticos del español. Uno de los más característicos es el sonido de la j, que no aparece en otros idiomas neolatinos o romances.
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